AMOR Y DESEO

DESEO

La sexualidad en los seres humanos es mucho más que instinto biológico.  El erotismo es la transformación de la sexualidad gracias a la imaginación.

Quizá mucho nos preocupamos por la fidelidad sexual y poco nos hemos preguntado por la compleja naturaleza del deseo.

Cuando el deseo disminuye, muchos piensan que quizá la pareja se ha enamorado de alguien más.  No consideran la posibilidad de que a pesar de haber amor, el sexo disfrutable se haya deteriorado.  Contrario a lo que nuestras ideas románticas nos dictan, la intimidad afectiva no garantiza sexo de buena calidad.

La gran pregunta en torno al deseo es si podemos desear aquello que ya tenemos. A primera vista y como respuesta de sentido común, podría contestar que no. Que solo deseamos lo que no tenemos, lo que está ausente. Y al decir esto, las primeras víctimas de la falta de deseo serían las parejas estables, casadas o que viven juntas.He escuchado a muchas parejas describir la disminución del deseo a partir de haberse casado, de que comenzaron a vivir juntos, de que nacieron los hijos y la relación y las prioridades cambiaron, de que pasaron los años. He visto a hombres y mujeres sufrir porque desean lo que no tienen. No solamente a otras parejas sexuales, sino la vida que no tienen, otra profesión, otro país, otra historia. He leído apologías del modelo de juntos pero no revueltos de las parejas que tienen una relación estable y duradera, pero que nunca han vivido bajo el mismo techo, y que defienden a ultranza que lo que han logrado salvar con tal arreglo es la vida del deseo.

El deseo, ciertamente, vive en la ausencia. Los retos de armonizar el amor con el deseo pueden parecer inalcanzables. Esther Perel (Inteligencia Erótica, Diana 2007)  habla de dos necesidades fundamentales cuando estamos en una relación: Por un lado, seguridad, dependencia, confianza, confidencialidad, permanencia. Aquello a lo que llamamos hogar.

Por el otro, aventura, novedad, riesgo, peligro, lo inesperado, lo desconocido, el viaje, lo prohibido.

Armonizar ambas necesidades es uno de los retos del amor en relaciones duraderas. Parece que hay una contradicción entre sentir la seguridad que da el amor y poder acceder a la aventura indispensable para sentir deseo.

Perel comparte que después de viajar por muchos países y preguntar a las personas cuándo desean más a sus parejas, ha obtenido, en lo general, 3 respuestas:

  1. Cuando están lejos o cuando hace días o semanas que no se ven.
  2. Cuando ven a la pareja haciendo lo que le apasiona, o cuando la ven en medio de una fiesta conversando con otras personas. Cuando la ven radiante en el sentido de autosuficiente. Cuando sienten que no los necesita, le desean más.

Por eso cuando estamos en una relación con alguien que nos necesita más de lo que nos ama, sentimos menos deseo. El cuidado y la preocupación que sentimos como parte del amor, llega a contraponerse con el deseo. La desesperación con que alguien necesita que lo cuidemos o la protejamos, es un antiafrodisiaco poderoso.

  1. Cuando se ríen juntos, cuando hacen cosas novedosas, cuando sorprenden al otro que creía conocerles perfectamente.

La sorpresa es mucho más que lencería, juguetes o nuevos trucos y surge sobre todo de la observación curiosa del otro, a quien nunca terminamos de conocer del todo.

El sexo no es algo que hacemos sino un lugar a donde entramos. Un estado emocional y físico que es diferente de lo que sentimos a lo largo del día.  Un lugar que se caracteriza sobre todo por la imaginación, por ser seguro para la expresión de muchas necesidades incluidas las infantiles, un lugar en el que se abandona el papel de persona correcta y responsable y en el que se puede jugar, ser curioso, vulnerable, imaginativo, transgresor. Menos responsable y políticamente correcto que en el rol de marido, de madre o de director de empresa.

Centrar el deseo en lo que el otro nos provoca, es una equivocación que surge de una autonomía pobre y de una tendencia a no hacerse responsable del propio destino.  Le transfiero la responsabilidad a mi pareja cuando digo que ciertas cosas me prenden o me apagan sexualmente. La realidad es que quien se prende o se apaga soy yo. Quien se siente viejo, pasado de peso, poco deseable, aburrido, muerto en vida, sin derecho al placer, devaluado en el autoestima, soy yo.  O quien se siente vivo, alegre, deseable y capaz de prenderse eróticamente, soy yo.

Solo aquellas parejas que estén bien diferenciadas, que sean capaces de darse el aire y el espacio necesarios para desearse, podrán conservarse deseosos. Solo en libertad, somos capaces de explorar, de inventar y de imaginar. Si dependemos completamente de la mirada del otro o nos sentimos responsables de lo que sienta, estaremos demasiado preocupados como para disfrutar de la sexualidad.

Esas relaciones en las que el reclamo frecuente es por qué te quieres ir si aquí lo tienes todo, se agotan en sí mismas y destruyen el deseo. El miedo a que la pareja se aventure por el mundo es tan grande, que es preferible la cercanía excesiva para mitigar el temor a perderle. Y al hablar de aventura, no hablo solo de otras parejas sexuales, sino de otras pasiones, intereses, gustos, deseos, que dan a las personas la posibilidad de expresar su individualidad, sus gustos y su personalidad.

Ve, el mundo es maravilloso y te vas a divertir es una transgresión del modelo de pareja estable y duradera, aunque quizá el único camino para mantener vivo el deseo. La extraconyugalidad no necesariamente es sexual. Tener un mejor amigo o amiga por ejemplo, un club de lectura, un taller de creación literaria, una noche de dominó,  un viaje en soledad, son algunos ejemplos de ello.

Las parejas estables que han logrado entender las sutilezas del deseo, han aceptado que la pasión no es una emoción estable, sino que pasa por ciclos, por subidas y  bajadas. También han entendido que si esperan a sentir aquello que sintieron en los primeros tiempos de la relación o que si se atrapan en la idea de volverse a enamorar o volverse a desear como producto de un rayo milagroso, se quedarán esperando para siempre.

En las relaciones duraderas, la espontaneidad disminuye y aumenta la necesidad de sexo premeditado, voluntario, intencional. De ese sexo que uno decide que quiere disfrutar y seguir construyendo, con tiempo, foco y presencia.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa

Citas y contacto: valevillag@gmail.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s