Medio Maratón: Correr y sufrir

Comenzaba la primera subida del medio maratón de la Ciudad de México. Eran 5 kms por Reforma Lomas que ya habíamos subido un par de semanas antes Constanza y yo. No tendré problema pensé al principio, pero pronto entendí que iba a ser la carrera más difícil de mi vida. Porque llevaba casi dos años sin entrenar con sistema, corriendo unos cuantos kilómetros a la semana pero nada retador. Dos años en los que me recuperé de una lesión de rodilla que me dejó el entrenamiento anterior y quizá del trauma del entrenamiento, que aunque se disfruta, también puede convertirse en una pesadilla en algunos momentos. Por ejemplo cuando estás enferma, cuando tienes mucho trabajo, cuando llevas semanas de mal dormir, cuando estás hormonal, cuando tuviste una de mil peleas con tu hijo de 19. O sea casi siempre. El entrenamiento es un compromiso más para acomodar en la rutina diaria. Yo decidí regresar a correr por insistencia de Cons; la verdad no estaba tan motivada y sí muy tranquila nadando 3 veces a la semana. Hace 8 semanas empecé a entrenar pero con poca constancia. Me brincaba algunos días de entrenamiento por mil razones que solo son pretextos. El asunto es que hoy sufrí de principio a fin los 21 kilómetros. Me regañé por no haber hecho más cuestas, más kilómetros, más rutinas de fuerza, más estiramientos. Cons tenía la firme intención de correr juntas pero ella había entrenado más y a pesar de su lesión, voló en la mentada subida. La vi desaparecer y me dio alegría ver que ahora corre más rápido que yo. En la verdadera amistad no hay ni una pizca de envidia o por lo menos con ella jamás he competido en ningún aspecto de nuestras vidas que son muy parecidas y a la vez muy diferentes.
Intenté concentrarme, encontrar mi ritmo, pero no lo logré. Las subidas tan largas no te dejan pensar con claridad y lo único que quieres es que se acaben. Entonces me acordaba de Benjamín Paredes diciéndome que no parara nunca, que no bajara el ritmo. Lo intenté pero la verdad es que casi repté en las subidas.
Para quienes no corren, el relato por kilómetro resultaría una tortura y para mí también. Quizá lo único que quiero decir es que correr es un deporte de gran nobleza que obliga a vencer muchos obstáculos físicos y emocionales. Al terminar una carrera, una se siente más fuerte, poderosa y capaz de más cosas que antes. Claro que el elemento masoquista es real y no una crítica absurda. Correr duele a veces, aunque hayas entrenado como si fueras a ir a una Olimpiada, por la sencilla razón de que somos animales impredecibles cuyo cuerpo y mente no son siempre los mismos.
Hoy me sentí un tantito exhibicionista en las redes aunque me da lo mismo si la gente que no me conoce piensa que quiero presumir algo; si supieran que subir una selfie sudada, exhausta y sin maquillaje es todo un reto para mí. Compartí la experiencia de este día porque muchas veces les he dicho a mis pacientes que salgan a correr, especialmente a los ansiosos y a los depresivos. Y a los ansiosos-depresivos también. Claro que correr no cura la ansiedad ni la depresión, pero si las mitiga. Agotar al monstruo rumiante que puede ser la mente se logra en parte con deporte sistemático. El golpeteo de los deportes de alto impacto hacen que se produzca un montón de dopamina y endorfinas. Lo que duele sigue doliendo pero un poco menos.
Pensé que “recetar” a mis pacientes que corran sin correr yo no estaría bien. También quería volver a sentir la adrenalina de una carrera, también quería correr con mi mejor amiga porque es algo que nos une desde hace años. Corriendo hemos encontrado algunas soluciones a nuestros problemas, nos hemos consolado y acompañado en muchos estados de ánimo. Correr junto a 25 mil personas es súper emocionante y devuelve un poquito la fe en la humanidad. Ver a tanta gente corriendo por el gusto de hacerlo, sonriéndote y animándote sin conocerte es un pequeño momento de solidaridad humana. Sentirse junto a otros en algo noble y desinteresado me emociona.
Correr siempre se ha parecido a la vida o al instinto de vida, que tiene su costo pero su gran recompensa.

Es un hecho que debo entrenar más para la siguiente carrera. Sí me gusta sufrir pero no tanto como hoy. El masoquismo también debe tener sus límites o una se puede convertir en alguien capaz de correr con una lesión grave porque no puede detenerse.

Correr la Ciudad de México revive el gran amor que sentía por ella y que a veces siento perdido para siempre.

4 comentarios sobre “Medio Maratón: Correr y sufrir

  1. Una lesión en la rodilla hizo que ya no pudiera correr como antes. Pero siempre me pareció una caravana extraña y conmovedora al mismo tiempo. ¿De qué escapamos? ¿De quienes? Cada uno de nosotros tenía sus motivos, sus historias y miedos, y ahí estábamos, un domingo a las ocho y media en manada. Ahora solo puedo bailar, a escondidas en la cocina y en las escaleras de la empresa para generar mi dosis de endorfinas. Felicidades por volver a intentarlo. Te escribo por esto: ayer vi una película llamada “Una” con Rooney Mara que me dejó pensando y no me la puedo sacar de la cabeza, trato de entender a los personajes pero no tengo herramientas, no sé, me parece -desafortunadamente- un caso muy común ahora. ojala y la pudieras ver y escribir algún día sobre eso: las niñas que se enamoran de su abusador y quedan bloqueadas en edad adulta. He conocido por lo menos 3 casos de personas cercanas que me han confesado eso.

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