SOBRE EL VACÍO

VACÍO

El hueco representa lo que falta, el vacío, el agujero. Todas palabras neutras que podrían ser simples sustantivos pero que convocan algunos de nuestros peores miedos. En terapia, tanto en la teoría como en la clínica, la falla/falta/déficit/ se propone como la causa de muchas conductas compensatorias: Si faltó amor, lo buscará compulsivamente; si tiene un hueco afectivo de tipo ansioso, lo llenará de alcohol, comida, compras. El agujero o vacío que a veces se siente como soledad angustiosa, podría incapacitar a alguien para disfrutar de sí mismo con gozo y sin desesperación.

Todas estás asociaciones que despierta la idea de hueco son observables en la clínica, en los relatos de los pacientes, en las pláticas con los íntimos, amigos o amores, en las que uno desnuda el alma y confiesa que a veces siente un vacío, que algo le falta, que jamás llena sus necesidades, que son tan grandes las expectativas que se vuelven imposibles de colmar.

Sin embargo, el hueco o vacío (elijan la que más les guste) también tiene otras funciones asociadas al movimiento creativo, a la capacidad de amar, al reconocimiento humilde de que a veces estamos tristes porque es imposible tener o lograr todo lo que queremos.

Solo son capaces de amar aquellos que aceptan que algo les falta. El vacío es necesario para moverse hacia el amor. Pienso por ejemplo en pacientes con rasgos de timidez patológica, o con poca amplitud para la expresión de la empatía o en los francamente misántropos que odian a todos los humanos por igual. En todos estos perfiles de personalidad, no se reconoce una falta ni un vacío. El tímido patológico se hunde en el miedo al contacto humano y declara defensivamente que no necesita a los demás. Los poco capaces de empatía no sienten ninguna resonancia frente al vacío o la soledad de los otros. La misantropía tiene como principio la autosuficiencia, porque las personas son tan miserables o poco interesantes, que se está mejor en soledad.
Así que es necesario poder mirar adentro y reconocer que ahí, en el fondo del alma, o del corazón o de la mente, existe un vacío que podemos llenar con amor y compañía.
La autoayuda propone la tarea imposible de buscar el amor a partir de la abundancia y no de la carencia, pero todos sabemos que solo se enamora quien está mal y reconoce sin vergüenza que necesita, desea, anhela, le falta, no tiene.
Lejos de ser una muestra de debilidad, quien reconoce que su vacío no se colmará en soledad, es quien puede acercarse al amor o a la amistad. De la capacidad de amar y su relación con el vacío, hay que leer a Sigmund Freud.

La capacidad depresiva sobre la que escribió Pierre Fedida, solo es posible gracias a la aceptación del hueco. Nos aterra declararnos tristes, aparecer llorosos frente a la gente que nos quiere. Creemos que al nombrar la tristeza, se volverá más profunda o hasta irremediable. Sin embargo, solo los que pueden entristecerse son congruentes con eventos de la vida, que simplemente son tristes. Que no hay modo de darles la vuelta para que tengan una connotación positiva. Los consoladores compulsivos, con buenas intenciones, cometen la estupidez de decir que todo va a estar bien, que arriba corazones, que la vida sigue, en fin. Pero a veces la vida parece detenerse, la sensación es de pesadez, de sinsentido, de amargura, de dolor por la pérdida de la salud o de alguien muy amado. Aceptar la tristeza generada por los huecos es de adultos valientes.

Por último, la capacidad de soñar que nos plantea Donald Winnicott, sería imposible si no sintiéramos que algo nos falta. Los sueños, los anhelos, las ilusiones, surgen de lo ausente, de lo que no tenemos, de lo que deseamos conseguir.
Lo ausente pero implícito son los ideales por los que luchamos. Reconocer que existe el hueco dentro de nosotros, acercarnos a él, saber qué historias lo han conformado, además de ser un importante ejercicio de introspección, es esencial para aprender a soñar. Todo eso que no tuvimos, que nos faltó, que nos hubiera encantado vivir, lo encontraremos si dejamos de tenerle tanto miedo a nuestras zonas de vacío.

Jean Bertrand Pontalis lo sintetiza así: “Todas las capacidades solo tienen oportunidad de realizarse cuando uno acepta acercarse a ese hueco, a ese silencio y luego hundirse en él, corriendo el riesgo de rozar el abismo, pero con la esperanza de encontrar allí una fuente subterránea”.

Vale Villa es psicoterapeuta individual, familiar y de pareja
Contacto: valevillag@gmail.com

2 comentarios sobre “SOBRE EL VACÍO

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